miércoles, 6 de agosto de 2014

Negar

Se empeña en negar su dolor, se empeña porque piensa que debe ser ejemplo de quien le mira y se empeña inútilmente. Hay muchos armarios de cristal en donde encerrarse, no todos llevan escritas las palabras "homosexual". Hay armarios que esconden a la vista del armariado lo que todos ven y ninguno se atreve a nombrar. El suyo esta hecho del resto de las telas que un comerciante muy hábil vendió a un emperador muy inmoral. Y es cristal. Se siente su dolor nada más verlo en sus ojos y se añade al dolor de perder el dolor de negar el dolor.
Él no lo sabe, no quiere mirarse en el espejo humano que le devuelve su imagen. Cree que le debe a ella, la valentia de no traicionar sus quimeras y esa fortaleza  acabará por pesarle como una lápida.Su caminar no es caminar sino arrastrar los pies y su impotencia frente al destino le clava al suelo. Sonrie y su sonrisa es mueca. Se lamenta por el intenso y extrañó sudor en sus  manos y  rostro, pelo, cuello, torso, axilas, piernas y hasta de la planta de los pies.
 Y no es ese sudor a mares más que lágrimas, las que quiere retener y negar y que vierten por todos y cada uno de los poros de su piel; de la misma piel que no dejo de estremecerse por ella.

sábado, 2 de agosto de 2014

Guardo, aguardo.

Guardo para ti un poco de la piel niña que aún se sonroja y se sonrie,
guardo para ti todas las mariposas que conviven como abejas viven en la colmena de mi vientre,
que esperan esperanzadas que llegues con la primavera como el  sol y el aroma de las flores,
para el encuentro con el polen de tus besos y la miel de tus ojos,
Guardo para ti a quien nunca deje de ser para ser contigo,
guardo para ti el vello que se eriza y el corazón danzón,
y te aguardo mientras guardo tu regreso bailando  a solas.

viernes, 1 de agosto de 2014

Clara, imprescindible Clara.

Clara sonreía todos los días desde que respiró por primera vez naciendo nada más comenzaba la decada de los setenta. En cuarenta y cuatro años no dejó un solo día de hacerlo. Más de un millón seiscientas mil sonrisas que limpiaban el aire por donde transitaba.
Clara trajo al mundo a dos hijas que la vieron sonreir durante quince y doce años. Y Antonio pudo disfrutar de su alegria y sus ojos casi treinta años que se han convertido en el vuelo leve de una pluma que pesa como el plomo.
A veces la vida trae a nuestra vida esos seres maravillosos que no pueden morir porque son eternos y sin embargo nosotros morimos un poco cuando no están y su eternidad ya no acompaña la nuestra. ¿Qué sería de quienes respiramos a su lado si su presencia física no nos hubiera acompañado? No solo la echarán de menos  hasta el dolor y hasta que ese dolor convierta el duelo en recuerdo, también  echaran de menos a quienes eran cuando ella sonreía, cuando su presencia los abrazaba.
 Esa obstinación pacífica que es la paciencia pondrá orden en su amar amargo de hoy  y lo transformará en  recuerdo cálido y dulce. Mientras tanto, la rabia y el mundo andaran parados en alguna hora, en alguna frase, en algún rincón.
Vivimos, estamos vivos en esta vida brevemente inmortal  y eterna.

Un día vendrá en que desearas haber sido la más dulce de las criaturas, la más compresiva, la más luchadora, la más dispuesta, la más disponible, la que más amó, la que más se dejo amar, la que como Clara siempre supo que saber recibir es dar.